Lo cierto es que tenemos unos amigos que no nos los merecemos.
Después de sufrir la tortura de probar el Becherovka y comerse los rollitos que hicimos con él, alguno todavía tuvo el valor de decir «esto tiene que estar bueno con un poco de almendra».
Dicho y hecho. Si fuéramos un blog más fino, los hubiéramos llamado cantuccini alla mandorla. Pero esto aquí siempre se ha llamado rosegons (de rosegar, que quiere decir roer). Un poco más al norte los llaman carquinyolis.
Y los sufridores de nuestros amigos de los comieron. Por suerte para ellos, ya se ha acabado el Becherovka.
Ingredientes
150 ml de Becherovka
125 g de almendras
1/2 tacita de aceite
1 taza de azúcar
2 huevos
400 g de harina (aprox.)
Al lío
En un bol o el recipiente del robot mezclar el inefable Becherovka, el azúcar, el aceite y un huevo hasta que se hayan integrado muy bien todos los ingredientes.
Añadir la harina poco a poco hasta obtener una masa flexible que apenas se pegue a los dedos.
Agregar las almendras y remover hasta que estén bien mezcladas. Dejar reposar 1/2 hora. Moldear la masa en forma de barra (parecido a la forma de un pan de chapata) y poner sobre papel de horno o silpat. Pintar con huevo.
Hornear, en horno precalentado previamente, a 180º durante 20-25 minutos. Sacar del horno y con cuidado cortar en rebanadas transversales de un centímetro aproximadamente. Volver aponer en el horno unos 15 o 20 minutos más.